Es posible que hayas escuchado hablar de la Ley de Segunda Oportunidad y estés interesado en ahondar un poco más en esta ley que entró en vigor en julio de 2015 y que, siguiendo el ejemplo de otros países de nuestro entorno, fue concebida especialmente para la exoneración de deudas tanto de particulares como de pymes.

Su intención era paliar los efectos que la crisis económica había ocasionado en las finanzas de muchos sujetos. Sin embargo, parece que la sociedad española no la ha acogido con los brazos abiertos, sino más bien con cierto recelo, aunque probablemente el gran desconocimiento de la población, pues muchos ignoran su propia existencia, es lo que está impidiendo que cada vez llegue a más gente. 

No en vano, mientras en países como Alemania o Francia cerca de 100.000 personas se han acogido a ella, en España únicamente lo han hecho 9.000. ¿Vale la pena solicitar que nos la apliquen? ¿Qué requisitos debemos cumplir? Vamos a examinar en este artículo qué clase de beneficios nos puede reportar la Ley de Segunda Oportunidad. 

¿Qué se pretende con esta ley?

Gracias a esta ley estos colectivos pueden cancelar su deuda y empezar de nuevo. Por lo tanto, les permite desprenderse de un lastre anterior con el cual sería imposible (o por lo menos muy difícil) emprender un nuevo negocio y remontar. Cabe recordar que esta personas con anterioridad a su aprobación se encontraban en la obligación de atender el pago de sus deudas con todo su patrimonio, tanto presente como futuro.  

¿Qué hay que hacer para beneficiarse de la Ley de Segunda Oportunidad?

Para poder beneficiarse de ella en el ámbito concursal en la normativa se establecen dos claros requisitos.

  • Acreditar que no se tiene patrimonio para pagar estas deudas o que éste ya se ha liquidado. También se estipula que las deudas obligaciones totales no podrán superar los 5 millones de euros.
  • La buena fe del deudor.

No obstante, este último punto es causa de controversia pues, a su vez, para que una pyme o un particular pueda ser considerado de buena fe es preciso que concurran una serie de condiciones. Vamos a ver cuáles son esas:

  • Antes del inicio del concurso, debes de haberte sentado a negociar con tus acreedores un posible acuerdo extrajudicial.
  • Si eres un autónomo, es preciso, además, que no hayas sido declarado culpable de haber creado esta situación. Es necesario haber solicitado el concurso en los dos meses posteriores a detectar la insolvencia.
  • Que no haya sido condenado por delitos contra el patrimonio, contra el orden socioeconómico, de falsedad documental, contra la Hacienda Pública y la Seguridad Social o contra los derechos de los trabajadores.

¿Y qué deudas pueden ser canceladas en virtud de esta ley?

Según se especifica en el artículo 178 bis de la ley, se podrán cancelar las deudas ordinarias y subordinadas, además de la parte que exceda de la garantía en un crédito privilegiado. Es decir, la deuda pendiente después de la subasta y ejecución de un inmueble.

No obstante, no todo el monte es orégano, pues ciertas deudas no pueden cancelarse. Así, la ley excluye las deudas con Hacienda y la Seguridad Social. En opinión de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA) esto es un grandísimo problema: “La Ley de Segunda Oportunidad tiene de eso solamente el título, porque las deudas con la Administración pública son las que más hunden al autónomo”.

¿Y qué sucede con las hipotecas?

Las deudas garantizadas con prenda e hipoteca también quedarían al margen de esta ley. Sin embargo, la ley sí que contempla la posibilidad de aplicar una dación en pago de facto. 

¿Y cómo se pone en marcha este procedimiento?

Pues muy sencillo. Según explican en el despacho de abogados Segunda Oportunidad, “es imprescindible la participación de abogado y procurador. Se debe presentar la solicitud de dicho beneficio ante el juez que haya conocido el previo concurso de acreedores. Y previamente a todo ello haber intentado, al menos, un acuerdo extrajudicial de pago con los acreedores”.

Además, dicha solicitud debe ir acompañada de una propuesta de Plan de Pagos, cuya duración es cinco años y al que el deudor se debe someter.

No obstante, una vez acogido a esta ley deberás tener un comportamiento impecable. “Cualquier acreedor podrá pedir al juez la revocación de la exoneración de deudas si, en los cinco años posteriores a la admisión de la ‘segunda oportunidad’, el acreedor entiende que su deudor ha obrado de mala fe o ha obtenido ingresos en negro (mediante economía sumergida)”, explican en este despacho de abogados.

Ten presente que el plazo para descubrir las posibles trampas del deudor es ilimitado, por lo tanto en cualquier momento pueden denunciarte por mala fe. En definitiva, el acreedor puede pedir la revocación de la exoneración de deudas. Será competencia del juez decidir si la acepta. En ese caso, dejará de estar amparado por la Ley de Segunda Oportunidad y recuperará de nuevo todas sus deudas.