Hacer un presupuesto, junto con tener un fondo de emergencia que te cubra al menos entre 3 y 6 meses de gastos mensuales, son los dos pilares fundamentales de unas finanzas personales bien gestionadas.

Y es que con un presupuesto sabrás hacia donde se va tu dinero cada mes y eso es algo fundamental para controlar tu dinero, saber donde estás gastando de más y donde necesitas reforzar tu atención.

Existen muchas técnicas diferentes para desarrollar un presupuesto. Algunas son muy simples, tan sólo necesitas pocos minutos para hacerlas pero son poco detalladas y no te muestran un mapa claro de tu situación.

Al contrario, otras formas son bastante complejas, requieren una dedicación por tu parte de varias horas al mes pero a cambio de aportan mucha información sobre tu situación financiera mensual.

No es el objetivo de este artículo entrar a comentar en detalle las características, ventajas y desventajas de cada tipo de presupuesto.

Lo que quiero comentar, porque creo que es lo realmente importante, es que todos los tipos diferentes de presupuesto tienen una cosa en común.

Y este punto en común es que TODOS te empujan a dividir tus gastos en grupos de diferentes tipos de gastos, para que puedas realizar un seguimiento cuidadoso de adonde se va tu dinero cada mes.

En todos ellos, debes decidir cuánto dinero vas a destinar cada mes a un grupo de gasto. Por ejemplo, cuánto dinero vas a gastar en el supermercado, cuánto dinero vas a gastar en comer y cenar fuera o cuánto dinero vas a gastar en suministros (luz, gas, teléfono, etc.).

Luego estos grupos pueden ser más pequeños y detallados o más grandes y agrupar varios conceptos pero coges la idea ¿no?

La idea principal de cualquier tipo de presupuesto es que debes esforzarte en determinar una cantidad  de dinero cada mes en cada área particular de tu vida, asegurándote que está bien cubierta. 

Por lo tanto, si tienes que pagar una hipoteca de 800€ al mes, tienes que separar 800€ de tus ingresos mensuales automáticamente para pagar la hipoteca. Si vas a gastar 250€ en comer y cenar fuera al mes, tienes que destinar automáticamente 250€ de tus gastos a este concepto.

Como ves un presupuesto tiene bastante lógica...excepto cuando no la tiene.

Cuando un presupuesto no es una herramienta útil

Fíjate que mientras algunas gastos mensuales son extremadamente fijos (el ejemplo del gasto mensual en la hipoteca) otros no lo son tanto. Pueden variar bastante de mes a mes.

Por ejemplo, tu gasto en comer y cenar fuera varía dependiendo si quedas más o menos con  tus amigos o familia o si tienes más o menos eventos sociales (cumpleaños, fiestas, etc.) E incluso de la época del año. En diciembre-enero, con las fiestas navideñas este gasto es posible que se dispare.

Para solventar este problema con los gastos variables la mayoría de los presupuestos te aconsejan que establezcas la cantidad que te vas a gastar en función de lo que has gastado durante los meses anteriores.

En concreto que hayas un promedio de los gastos de los últimos 3 meses, por ejemplo, y le reduzcas un 10%, ya que la idea es ahorrar, y ya está problema solucionado.

Bien, esto no funciona.

Cada mes puede ser completamente diferente al anterior. Y la variabilidad del gasto cada mes puede ser bastante más de un simple 10% por lo que las posibilidades de hacer un presupuesto así y que luego no te sirva para nada son muy altas.

El presupuesto flexible: una solución a tu medida

La solución real para este problema es tener un presupuesto flexible. Un presupuesto rígido no es un reflejo de la vida real.

Convertir un presupuesto tradicional en un presupuesto flexible es muy sencillo. Tan solo tienes que añadir un nuevo tipo de gasto, al que puedes llamar “flexible” o como quieras, en tu presupuesto.

Este nuevo tipo de gasto es un 10% del total de los gastos de tu presupuesto. Es decir, si para ese mes tienes presupuestado un gasto total de 3.000€, el gasto flexible será de 300€.

El objetivo de este nuevo tipo de gasto es que asegures de que si un área determinada de tu presupuesto no cumple la cantidad marcada no entres en pánico y no se vaya el presupuesto a la basura. 

Si pasado el mes, tienes dinero sin utilizar del gasto flexible, puedes destinar este dinero a:

- Otras áreas de gasto que pienses que vas a gastar más ese mes.

- Destinarlo a un extra de ocio como recompensa por no haberlo utilizado. 

- Utilizarlo para el ahorro y la inversión. Lo que sería un ahorro o inversión extra a la habitual.

Este truco para convertir a tu presupuesto en flexible hará que te sea mucho más fácil mantenerte dentro de tu presupuesto y evitar ponerte nervioso y agobiado cuando un tipo de gasto es más alto de lo habitual durante ese mes.

Si te pasas un mes con el móvil, y la factura es más alta, no pasa nada porque el gasto flexible cubre sin problema este aumento de la factura.

Y antes de acabar...

Un último apunte. Si notas que mes a mes un determinado tipo de gasto siempre es más alto que lo que habías presupuestado no te acostumbres a utilizar el gasto flexible para cubrirlo.

Lo que tienes que hacer es analizar la razón de que estés gastando de más y ponerle remedio reduciendo el gasto en esa categoría.

Si te está costando mantenerte fiel a tu presupuesto, este pequeño truco de convertirlo en presupuesto flexible te vendrá muy bien y hará todo el proceso mucho más sencillo. 

Si tienes alguna duda o quieres dejar alguna pregunta no dudes en utilizar los comentarios. Te responderemos encantados.