Desde hace unos años llevamos asistiendo a la caída y posterior desmembramiento de bancos y cajas de ahorro que durante décadas han acompañado nuestras vidas y a nuestros ahorros. 

Así, muchos recordarán la humillante venta de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) al Sabadell por un ridículo euro. Ahora, de la mítica entidad no quedan ni los ‘huesos’, pues ha sido pasto de un proceso de absorción total.

No obstante, si aquella caída podía esperarse –ya que sucedió en plena vorágine de la crisis–, no ocurre lo mismo con el Banco Popular cuyo descenso a los infiernos fue totalmente inesperado y fulminante.

Pero ¿qué ha pasado exactamente? Pues la debacle bursátil está detrás de su rápida caída y poco han importado sus 91 años de vida. Vamos a verlo detenidamente. 

¿Cómo se ha vendido el Banco Popular?

Lo cierto es que el Banco Popular ya arrastraba una merma de 3.485 millones de euros que perdió el año pasado como consecuencia de activos tóxicos inmobiliarios. De hecho, la delicada situación de la entidad obligó a las autoridades europeas a intervenir. Así, ante el evidente peligro de que no pudieran atender las retiradas de dinero de sus clientes, se decidió intervenir la entidad rápidamente.

¿Y cómo lo han hecho? Pues la drástica operación ha consistido en la ‘resolución del banco’; es decir, cual ordenador, han reseteado las acciones de la entidad para ponerlas  a cero. De esta manera, se consigue, además, la salida del todo el consejo de administración, y se busca un comprador. Entre los posibles interesados se encontraban BBVA, Bankia, CaixaBank y Santander, pero ha sido esta última la que se ha llevado el gato al agua. 

Y los accionistas ponen el grito en el cielo 

Por supuesto, los accionistas del Banco Popular se niegan a permanecer mano sobre mano ante lo que consideran una incautación de su dinero. De hecho, la venta ha afectado a 305.000 accionistas y a miles de propietarios de deuda convertible y subordinada. Así, se estima que éstos han perdido entre 3.000 y 4.000 millones de euros. Obviamente se han propuesto recuperar su dinero y, apenas una semana después de la polémica operación, ya llueven las primeras demandas.

En concreto, hablamos de denuncias y querellas interpuestas en la Audiencia Nacional, por estafa al inversor y delitos de falsedad contable. Por ahora se han limitado a ir contra los responsables de la entidad, pero no se descarta que también las presenten contra las autoridades bancarias españolas y europeas.

También la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha interpuesto una querella en la Audiencia Nacional, en representación de más de 9.500 pequeños accionistas, contra toda la cúpula del banco. Estos son Ángel Ron, expresidente del Popular, Pedro Larena, exconsejero delegado, Roberto Higuera, exvicepresidente, la auditora PwC y el socio firmante Francisco Barrios al que acusan de falsedad contable y estafa al inversor. 

Parece que la batalla judicial no ha hecho más que empezar.

Estas cosas no suceden en el resto de Europa, ¡pero debería!

Resulta curioso que tales calamidades financieras solo sucedan en el ámbito español, cuando resulta que encontramos ejemplos palmarios de bancos europeos cuyas finanzas no están para muchos trotes. 

Al menos en esta situación se encuentran el Deutsche Bank y toda la banca italiana. En el caso del banco alemán, en septiembre de 2016 el Fondo Monetario Internacional (FMI) lo catalogó como ‘el banco más peligroso del mundo’. Ahí queda eso. Lo cierto es que esta entidad tiene la capacidad de arrastrar al abismo al resto de entidades europeas.

Lo cierto es que la entidad alemana no superó el test de estrés al que fue sometido en los Estados Unidos, y que se considera el más imparcial de todos los existentes. A estas suspicacias también se sumaron las agencias de rating que dudaban el pasado septiembre de la calidad de los activos del Deutsche Bank.

Incluso se rumoreó que el Gobierno de Angela Merkel tenía urdido un plan de rescate ante una posible multa de la Justicia de EE.UU. que podría ascender a 14.000 millones de dólares.

Por su parte, el italiano Monti die Paschi ha capeado el temporal durante mucho tiempo, a pesar de que su situación era mucho más grave que la que presentaba el Banco Popular, pues su cartera de activos se encontraba mucho más deteriorada. No obstante, y como decíamos, se ha librado del deshonroso trámite de ser declarado " ‘en quiebra’, ni siquiera antes de ser rescatado se le consideró así.

 

Ignoramos si el panorama financiero español variará en los próximos meses con alguna nueva mísera venta por un euro de algún banco caído en desgracia o si el Banco Popular será –por fin– la última víctima de unas malas prácticas bancarias.

Desafortunadamente, el Liberbank, el séptimo banco de España, ha  cerrado diez sesiones consecutivas cediendo terreno en el parqué, hasta 0,68 euros. De esta manera se sitúa como el eslabón más débil del sistema financiero español. Por ahora, únicamente cabe aguardar qué tal se le dan los próximos meses y si logra remontar esos malos números.

Por ahora, la entidad ha anunciado un nuevo Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que afectaría a 525 personas y que consistiría en bajas incentivadas y voluntarias para los trabajadores de 59, 60 y 61 años. También se contemplan reducciones de jornada y movilidad geográfica a los afectados por el cierre de oficinas.

Por supuesto, desde nuestro comparador de préstamos y cuentas bancarias estaremos atentos a los acontecimientos y analizaremos los nuevos datos.