Ya sucedió en 2005 en plena campaña navideña con el cava y ahora muchos españoles vuelven a enarbolar la misma arma, la del boicot, para manifestar su descontento hacia la posible independencia de Cataluña. 

Los ciudadanos llevamos un tiempo recurriendo a los boicots a productos con un determinado origen o de una marca concreta con el ánimo de manifestar nuestro descontento respecto a alguna cuestión. En este caso, de índole política. Nuestra intención, obviamente, es lograr que el perjuicio económico que ocasionamos acabe siendo tal que terminemos por alterar una decisión o una manera de hacer las cosas.

En 2005, con ocasión de la aprobación del Estatuto de Cataluña, asistimos a un auténtico llamamiento a boicotear al producto catalán. De hecho, era fácil toparse en internet con alguna de las muchísimas listas negras donde se incluía a todas las marca catalanas o con fuertes conexiones con la región. 

La historia se repite 

La cantidad de consumidores que se sumaron a la ‘causa anticatalana’ mermó de manera considerable los beneficios de muchas empresas de cava y sirvió para poner en el mapa a la industria extremeña o riojana dedicada a la producción de cava. Ahora la historia, que parecía olvidada, vuelve a repetirse e incluso encontramos páginas de Facebook, con más de 72.000 seguidores, donde se exhorta a la ciudadanía a dejar los productos catalanes en las estanterías de los supermercados.

Una de las críticas que se dirige al boicot catalán es que no solo perjudica al empresariado ubicado en Cataluña, sino que también arremete contra los proveedores de productos emplazados en el resto de España y que contribuyen a la creación de ese producto que lleva sello catalán. 

A juicio de la asociación de fabricantes y distribuidores de empresas de gran consumo, ‘Boicots como el actual no tienen sentido en una economía globalizada, en la que no existen productos absolutamente autóctonos de ningún tipo’. Por lo tanto, está repleto de importantes daños colaterales que deberíamos tener en cuenta a la hora de optar por el boicot. 

Pizza catalana con salsa de tomate de Extremadura

Así, sin ir más lejos, podemos citar el caso concreto de la pizza de la cena que, aunque de la casa Tarradellas, marca oriunda de Cataluña, se adereza con salsa de fabricantes extremeños. Lo cierto es que el presidente de la Junta de Extremadura,  Guillermo Fernández Vara, ha tildado de ‘tiro en el pie’ dicho bloqueo.

También el cava no es tan catalán como lo pintan, ya que como explica un responsable del Consejo Regulador del Cava que no quiere desvelar su identidad ‘el líquido es de Cataluña, pero el vidrio y el corcho son de fuera’.

Por supuesto, también encontramos el caso de alguna marca procedente de otras regiones de España, como Murcia, con fuertes inversiones en territorio catalán y que vería lastrada sus cuentas por culpa del boicot. Este es el caso de la empresa de Vinos García Carrión, afincada en Jumilla (Murcia), aunque cuenta con una sede en la localidad de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), pues es ahí donde fabrica su cava Jaume Serra.

¿Existen los daños colaterales?

No obstante, los propios promotores del boicot rebaten estos argumentos. Así, éstos alegan que al dejar de comprar a empresas catalanas, otras del resto de España venderán más y esto las obligará a adquirir nueva materia prima de quienes antes eran los proveedores de Cataluña. De esta manera zanjan la disyuntiva y esos posibles efectos adversos para el resto de España.

No obstante, el argumento peca de simplista, pues no se resuelve algo así de la noche a la mañana. No en vano, aunque las empresas que los producen tienen sus domicilios sociales en Cataluña, hay marcas jugueteras que fabrican alguno de sus juguetes estrella de manera íntegra en otra comunidad. Por lo tanto, los proveedores son chinos, indios, alemanes, valencianos, andaluces, madrileños…

Expolíticos, a los que se les presume algo de neutralidad, acaban soltando en redes sociales como Twitter algún comentario, como se suele decir, poco afortunado. En concreto la exministra María Antonia Trujillo manifestó en un tuit que no volvería a un Fosters Hollywood porque le habían servido doce botellas de agua Font Vella. Menudo insulto, ¿verdad?

Boicot a Israel

Otra que padeció –y padece– en sus carnes el duro castigo de un boicot fue Israel. Esta campaña se emprendió a nivel internacional e incluso cuenta con su propia web donde se habla de las razones del boicot y qué productos debemos dejar de comprar.

  El motivo –por si alguien no lo había imaginado– lo encontramos en la política de ocupación que durante muchos años lleva desarrollando Israel contra la vecina Palestina. De hecho, a Israel se la acusa de vulnerar, además, diversos derechos fundamentales.

Tu consumo puede cambiar el mundo… 

Ya lo dice el libro de la periodista Brenda Chávez y es que nuestro consumo puede cambiar el mundo. De hecho, la forma de actuar de las empresas es susceptible de variar radicalmente si decidimos dar nuestro apoyo a otras marcas que abogan por una forma de producir más sostenible y dejamos de lado a aquellas que más contaminan, que no respetan los derechos de los trabajadores y que masacran bosques y fauna.

Tanto es así que se suele decir que cuando compramos un producto, estamos votando dado que damos nuestro apoyo –o no– a una marca y a una manera de fabricar (más o menos responsable).

En definitiva, no sabemos que estarás votando cada vez que decidas comprar o no un producto catalán. En nuestro comparador de préstamos online deseamos que todo vuelva a su cauce y que los consumidores dejen de mirar las etiquetas de los productos y solo se preocupen por sus ingredientes –esa información sí que hay que leerla–.