Puedes estar de acuerdo, sumarte o dejarla pasar como una jornada más, pero lo cierto es que el 8 de marzo las mujeres se movilizan para ir a la huelga. El año pasado ya lo hicieron y este año vuelven a plantearla porque el panorama, a su juicio, sigue siendo el mismo. Aunque es cierto que ahora las reivindicaciones han dado un pequeño giro y no se centran únicamente en la inclusión laboral de la mujer, sino en el solo hecho de serlo en una sociedad que practica la “violencia machista en todas sus forma”.

La comisión convocante ha elaborado un documento donde se recogen casi 200 razones para secundar esta huelga. Los motivos son muy variopintos. En Proahorro nos hemos quedado con los siguientes:

  • Exigir un mayor presupuesto para combatir la violencia que se ejerce contra la mujer.
  • Que se acabe con la precariedad de éstas en el mercado de trabajo.
  • Echar abajo las barreras que impiden su proyección profesional.
  • Poner fin la discriminación salarial.
  • Mayores medidas para luchar contra la pobreza que se agrava en el caso de las mujeres, a las que afecta especialmente.
  • Reconocimiento del trabajo doméstico que asumen en su mayorías las mujeres.
  • Más atención para las mujeres inmigrantes cuya vulnerabilidad aún es incluso mayor que la de sus homólogas españolas.

No consumir durante ese día

El colectivo que organiza la huelga es consciente de que muchas mujeres no trabajan en empresas u organizaciones, pero sí en sus hogares donde llevan el peso de las compras. Por eso les piden que ese día consuman lo imprescindible en esa jornada y que, por lo tanto, reduzcan al mínimo su gasto tanto en bienes como en servicios. No en vano, esta es una manera más de visibilizar el problema que afecta a las mujeres.

También el parón debe advertirse en los colegios, institutos y universidades porque, a su juicio, el sistema educativo es donde se “reproduce el actual sistema capitalista y patriarcal".

En definitiva, se trata de una huelga feminista laboral, de cuidados, de consumo, estudiantil y asociativa.

La huelga, oportunidad electoral

Este año, a diferencia de la anterior, la cita huelguista tendrá un marcado componente electoral dada la proximidad de las elecciones generales. Todos los partidos políticos, de alguna manera, querrán sacar tajada de un evento así.

Algunos, quizás, para criticarla, como es el caso de VOX, con Santiago Abascal en su cabecera. Otros, como Podemos, porque quieren apropiarse del discurso feminista y sacar rédito electoral. Por lo tanto, volveremos a ver a Irene Montero, ya presente el año pasado en la huelga, pero es probable que acudan muchos más integrantes como Pablo Iglesias y algún otro miembro de su cúpula ejecutiva. 

Por su parte, el PSOE y Ciudadanos puede que abandonen la tibieza que mostraron el año pasado y muestren más su apoyo, pero sin implicarse tanto como Podemos.

En cambio, a la formación de VOX tan solo se la espera para criticar el movimiento. En cuanto, al PP, ahora con un nuevo líder como es Pablo Casado, se moverá conforme sople el viento. Es decir, si la participación es masiva, no faltará. Si es un fracaso, aprovechará para desacreditar un movimiento así.

Cabe recordar que el año pasado el PP aseguró que la huelga "pretendía romper nuestro modelo de sociedad occidental” que “enfrenta a mujeres y hombres". Asimismo, consideraban que se trataba de una propuesta "elitista" e insolidaria con las mujeres autónomas cuyos negocios no podían cerrar.

Sin embargo, estamos en año electoral y las tornas han cambiado. Resulta evidente que la huelga feminista es gran pistoletazo de salida de estas elecciones y los partidos quieren morder votos. 

Si nosotras paramos, se para el mundo

Eso es lo que persiguen las manifestantes del 8 de marzo. Parar el mundo o, al menos, a España. En su mente tienen lo ocurrido el 24 de octubre de 1975 en Islandia donde el 90 % de las islandesas decidieron secundar una huelga que puso en jaque al país y quizás a los mismos matrimonios. ¿Por qué? Lo explicamos.

A los padres islandeses no les quedó otra que asumir el cuidado de sus hijos durante esta jornada. Algunos incluso se los tuvieron que llevar al trabajo puesto que las escuelas y las guarderías y, por supuesto, sus propias madres se habían declarado en huelga de brazos caídos.  

De esta manera, se vieron abocados a desempeñar las tareas que hasta ese momento eran competencia de las mujeres. Sin duda alguna fue una manera contundente e inequívoca de que sufrieran en sus carnes lo que un parón de mujeres podía acarrear. 

Lo cierto es que la medida no cayó en saco roto. De hecho, cinco años después, una mujer ganó las elecciones y se convirtió en la primera presidenta de Islandia. Algo que en España todavía no hemos conocido y que, indudablemente, seguiremos sin conocer puesto que en el actual panorama de candidatos a la presidencia no hay rastro de ellas.

A día de hoy, además, Islandia tiene fama de ser el país no más feministas, sino con más igualdad entre sexos (que es diferente). Debemos tener presente que el objetivo no son sociedades feministas ni machistas, más bien todo lo contrario ya que ningún sexo debe imperar sobre el otro.