Quizás tú seas un claro ejemplo de ello. Sí, porque han llegado las rebajas y la efeméride –que antes te tenía prácticamente en vilo para cazar las mejores piezas– te ha dejado fría o frío (aunque son más frías que fríos). No te pasa nada raro, que no cunda el pánico. Lo que sucede es que nuestras opciones de ocio se han diversificado mucho en los últimos años y ya no prestamos tanta atención como antaño a la moda. 

Lo cierto es que este sector ha perdido brío. Ya no nos quita el sueño comprar prendas y otras opciones han venido a eclipsarla: viajes, restaurantes, teatro, deportes de aventura y, por supuesto, la electrónica que nos ha vuelto consumidores de infinidad de cachivaches que enseguida jubilamos para reemplazar por unos más flamantes y con lo último.

Así, en 2006 y 2007, cada familia gastaba más de 2.000 euros al año en ropa y calzado; es decir, casi el 7 % del presupuesto familiar iba destinado a la ropa. Actualmente este gasto ha descendido hasta los 1.500 euros y se ha quedado en el 5,2 %. 

H&M, Victoria’s secret y ASOS, en crisis

Podemos echar mano de las cifras de facturación de gigantes de la moda como H&M o la firma de lencería Victoria`s Secret. Ambas acaban de conocer por primera vez, y en el mismo año, el duro trance de los números rojos.

H&M sufrió una caída de ventas durante el último trimestre del 2017, con lo que su tasa de crecimiento para 2017 quedó en apenas 4 %. Es la primera vez en más de dos décadas de historia que la marca de moda rápida concluye un año con un saldo deudor.  

Además, durante este año clausurará seis tiendas en España entre febrero y mayo, localizadas en Cádiz, Coruña, Talavera, Barakaldo y dos en Oviedo. Como contrapartida, inaugurará una nueva en Alcoy (Alicante). Imaginamos que idéntica situación se estará repitiendo en el resto del mundo y que nuestro país no es una excepción.

A Victoria Secrets ya no la salvan ni sus ángeles. Únicamente hay que echar un vistazo a las bajas cifras de audiencia de su desfile para percatarse de que no corren buenos tiempos para la marca que creyó ser inmune a todo.

Resulta indudable que este polémico desfile tiene sentido para los varones, pero no para las mujeres que afrontan ahora su siglo más reivindicativo y el icónico desfile de la marca choca de bruces con esa filosofía feminista. Por lo tanto, este factor también ha pesado en la bajada de las ventas de la marca.

Si echamos un vistazo a la web, observaremos que internet está plagada de noticias que nos informan del delicado momento que atraviesa la firma de lencería que, sin duda alguna, ha pasado de tocar el cielo con sus ángeles al duro cemento del suelo.

Asos es otra marca que ha pasado de líder de ventas online a una crisis galopante que le ha pillado desprevenida. A finales del año pasado las acciones de la compañía de moda online Asos se desplomaron durante toda la jornada hasta cerrar con una caída del 37,55 % en la Bolsa de Valores de Londres.

Su pronóstico de crecimiento era 20 o 25 %, pero finalmente ha tenido que contentarse –a la fuerza– con un 15 %. 

Su caída bursátil también afectó a otras compañías textiles como Inditex, H&M, Associated British Foods (el dueño de Primark), Marks & Spencer o Zalando.

Y llegamos por fin a Amancio Ortega, el emperador del textil español cuyo crecimiento ya no resulta tan boyante como antaño. Así, Inditex antes crecía a doble dígito, pero ahora lo hace de forma moderada e incluso parece algo estancada.

También podemos citar los datos del informe “El comercio textil en cifras 2017” que asegura que ese año el textil español terminó el año con una facturación de poco más de 18.000 millones de euros. Parece una cifra buena, ¿verdad? Pues no. De hecho, son 4.500 millones menos que una década atrás ya que en 2006 la cifra era de 22.500 millones de euros.

¿Ya no estamos deprimidos?

Quizás ya no estemos tan deprimidos. No en vano, algunos estudios sobre moda demuestran que cuando estamos desanimados o deprimidos solemos comprar más para recompensarnos de alguna manera por los sinsabores del día. De este modo, la ropa es (o era)  lo más socorrido para superar el pequeño trance.

Así, cuando la felicidad llega, no necesitamos tanto esas pequeñas y efímeras alegrías que no debemos confundir en momento alguno con la felicidad (que es otra cosa).

¿Nos hemos vuelto más consumistas experienciales? 

También es cierto que cada vez existe más conciencia del consumo indiscriminado de moda que prácticamente se ha vuelto de usar y tirar. El llamado fast fashion copa los ríos de Asia de perniciosos tintes y las montañas de ropa que se desecha anualmente no cesan de crecer. De hecho, las estimaciones aseguran que el sector textil se ha convertido en el segundo más contaminante del mundo. 

Asimismo, existen más comercios de ropa vintage y de segunda mano con una clientela en constante crecimiento que compran sin remilgos y con entusiasmo lo que otros ya usaron, pero que apenas se aprecia deterioro.

Y, cómo no, las experiencias que nos aportan los viajes han entrado en la ecuación y es un duro rival. No en vano, al viajar, al practicar deportes o simplemente salir con los amigos nuestro cuerpo se ve recompensando con la segregación de hormonas que nos reportan felicidad. Indudablemente esta última es un duro enemigo