¿Estudiar filosofía no tiene futuro laboral? Va a ser que no. El mercado acaba de jubilar esta creencia pues, según los últimos datos, una de las formaciones más solicitadas por las empresas en los próximos años será la de licenciados en filosofía. Parece increíble, pero cierto. La denostada carrera, que apenas se estudiaba ya como asignatura en los institutos hasta una reciente recuperación por parte del Gobierno actual, está cobrando brío.

“Cada vez unimos más la tecnología con las Humanidades y buscamos profesionales con el conocimiento cultural y la formación en pensamiento crítico que dan carreras como Historia o Filosofía”, explica Sara Álvarez, Manager de la división de Tecnología de la consultora de Adecco. 

La venganza se sirve en un plato bien frío. Lo cierto es que algunos ministros de cultura, como José Ignacio Wert, quisieron acabar con esta asignatura dadas las pocas salidas laborales que deparaba a sus graduados. En concreto, el ministro, al parecer muy poco versado en los giros laborales que podía dar el mercado, dio casi por muerta la disciplina y la relegó a un segundo plano ofreciendola como optativa a los alumnos en segundo de Bachillerato. 

Así, esta carrera se convertía en un ejemplo más de que el mundo laboral prima sobre la formación humanística de la persona. El tiempo, además, parece haberle quitado la razón a Wert porque su razonamiento se ha ido al traste.

Una tendencia que ya se detectó en 2017

El crecimiento de la filosofía en el mundo laboral ya se advirtió en 2017. De aquel entonces data un estudio realizado por David J. Deming recogió datos acerca de un creciente interés por esta clase de profesionales que son capaces de resolver problemas, manejar y analizar datos, empatizar, dirigir equipos…

El cambio de paradigma es incipiente en España, pero ya se advierte un cambio. “En el futuro, las empresas de tecnología van a complementar los perfiles tecnológicos con perfiles humanistas para avanzar en la robotización e inteligencia artificial“, destacan en Telefónica. 

Si echamos un vistazo a los entresijos de Silicon Valley (cuna de la revolución digital que está sacudiendo al mundo), advertiremos que en Microsoft, IBM o Google encontramos a decenas de licenciados en Filosofía con, eso sí, un gran interés por la tecnología. Su capacidad de razonar y de entender lo que está sucediendo es una gran aporte para estas empresas.

Sin ir más lejos, el creador de PayPal, la empresa que se está comiendo el mundo de los pagos online, es filósofo de carrera. En su opinión, “la Filosofía es cada vez más importante al estar alcanzando la tecnología aplicaciones muy disruptivas”.

¿Quién enseña a las máquinas?

En un mundo laboral que se vislumbra plagado de máquinas hacen falta perfiles como los de las filósofos que son capaces de vencer disyuntivas que por ahora ni nos habíamos planteado. Así, con los coches que conducen de forma autónoma no resulta fácil discernir entre qué es lo má apropiado en una colisión pues la máquina debe decidir entre estrellarse contra un árbol con todos sus pasajeros a bordo para evitar el atropello de unos peatones o impactar contra estos últimos. Hay que enseñar al vehículo a tomar estas decisiones de gran calado moral y es ahí donde los filósofos, dada su formación, trabajan con los desarrolladores que diseñan la inteligencia de los vehículos. 

Por lo tanto, sus conocimientos resultan clave para dotar de mayor humanidad a todo el entramado de inteligencia artificial que se avecina.

También los historiadores, otra profesión en horas bajas, retorna a estar en el punto de mira de los empleadores dados sus vastos conocimientos. Así, cada vez encontramos empresas inmersas en trabajos de realidad virtual donde se precisan historiadores o arqueólogos para la correcta representación de entornos como la prehistoria, la Edad Media o cualquier otro periodo de nuestra historia.

En la época en que la inteligencia artificial amenaza con cambiar todo nuestro tejido laboral resulta que regresa con fuerza una profesión que lleva décadas sufriendo humillaciones constantes. No era raro encontrar incluso docentes que echaban por tierra esta licenciatura a los alumnos que se encontraban en la tesitura de escoger carrera porque -decían- se trataba de unos estudios sin perspectivas de empleo.

Expertos en el área como Jorge Guelbenzu, director General de Infoempleo, defiende, además, su estudio en bachillerato: “La formación en humanidades incrementa la empleabilidad de una persona ya que aporta el conocimiento de lenguas, de la sociedad que nos rodea, de los hechos históricos del pasado, habilita para tener unas mejores capacidades de comunicación, expresión y de pensamiento crítico, entre otros aspectos. Por ello, consideramos que es muy interesante porque permite contar con un perfil profesional global en el que los aspectos técnicos y humanísticos convivan, haciendo de esa persona un profesional muy completo y altamente “empleable” al poder desempeñar sus labores en distintos entornos”.

En definitiva, si tu hijo se acerca a ti con la cantinela de que quiere estudiar la carrera de Filosofía y Letras, no te eches las manos a la cabeza. Alégrate por esa decisión porque le pondrá en el punto de mira de numerosas empresas y, sobre todo, recibirá una formación integral que le ayudará a entender este complejo mundo.