Parecía muy surrealista hace unos años y más bien propio de la película futurista “Blade Runner” (1982), pero finalmente, la posibilidad de que los robots nos paguen las pensiones al resto de los españoles se ha puesto sobre la mesa. Así, hace escasos días que la comisión del Pacto de Toledo ha empezado a sopesar nuevas fórmulas de financiación para la Seguridad Social. Resulta evidente que si los robots empiezan a ocupar puestos de trabajo hasta ahora detentados por humanos, es lógico que de alguna manera veamos una especie de impuesto repercutido sobre los robots.

Obviamente no son las máquinas las que abonarán esta tasa, sino los empresarios que saquen un rendimiento por su trabajo quienes deberán hacerlo. Lo cierto es que es un asunto tan nuevo que todavía se ignora cómo se acometerá. ¿Se debe gravar al propietario del robot? ¿Al fabricante? ¿A quien lo utiliza en sus instalaciones? Tampoco cuál sería la periodicidad de este impuesto parece clara.  

Incluso la propia definición de robot resulta difícil de esclarecer. Seguramente muchos empresarios, para escapar del impuesto, pretextarían que lo suyo no es un robot, sino maquinaria y, por lo tanto, se encontrarían exentos de ese gravamen.

Hace un par de años que Bill Gates, artífice y dueño de Microsoft, teorizó sobre esa posibilidad: "Si un robot reemplaza el trabajo de un humano, ese robot debe pagar impuestos como un humano". El multimillonario fue un poco más allá e incluso llegó a afirmar que parte del dinero recaudado con estas tasas a las máquinas debería acabar, de alguna manera, beneficiando a aquellos colectivos laborales que se hayan visto perjudicados por la implantación de los robots. No sabemos si algún gobierno tomó nota de esta última aportación de Gates o si fue tomada por disparate.

En cualquier caso, la comunidad europea también estudia la posibilidad de imponer un gravamen al trabajo ejecutado por robots, así como por el uso y mantenimiento de cada robot.

Así, la Eurocámara ha solicitado a las compañías que “respondan a requerimientos” regulatorios que “revelen la contribución de los robots” en su cuenta de resultados, para ayudar a evaluar si se fijan impuestos y cotizaciones sociales.

Desincentiva la necesaria robotización 

Sin embargo, algunos expertos desaconsejan el paso porque, en su opinión, el debate está mal enfocado, pues se deberían ofrecer incentivos fiscales a la inversión en I+D, no buscar nuevos impuestos que afecten a los robots. En suma, con tal medida se estaría desincentivando y coartando el propio desarrollo tecnológico de España que se vería en una situación de clara desventaja frente a terceros países.

Lo cierto es que el tema es de un hondo calado y casi todos los países desarrollados del mundo están estudiando la opción. No hay que olvidar que, según un estudio del Foro Económico Mundial (FEM), en 2025 más de la mitad de los puestos de trabajo que hoy existen serán ejecutados por las máquinas.

Estamos hablando de un plazo de tan solo unos seis año. En definitiva, los deberes urge hacerlos ya porque los tiempos están cambiando a una velocidad vertiginosa. 

Reformas de muchas de nuestras leyes

La medida, sin duda alguna, exigirá que los gobernantes reformen de arriba abajo nuestra legislación laboral. Sin ir más lejo, la misma ley que regula el IRPF no contempla la posibilidad de que se establezca un impuesto a las máquinas. Dicha opción solo es posible con las personas físicas. 

También el impuesto de Sociedades, dado que únicamente alude a las personas jurídicas, necesitaría una reforma para amoldarse a la realidad imperante.

¿Cuántos robots hay trabajando actualmente en España?

Ejemplos de robots que trabajan y se “ganan el sustento”, ya los encontramos en abundancia en nuestro país. En este sentido, según cálculos de la Asociación Española de Robótica y Automatización de Tecnologías de la Producción, actualmente hay más de 34.000 robots trabajando en las grandes empresas.

Lo cierto es que España se sitúa el undécimo país a nivel mundial con el índice más alto de robotización en los procesos del día a día. Además, según CaixaBank Research, un 43 % de los puestos de trabajo existentes en nuestro país son muy sensibles a la robotización a medio plazo.

Las razones que explican su proliferación son dispares:

  • Intervienen en tareas que no pueden ser realizadas por humanos. Por ejemplo, el manejo y manipulación de objetos microscópicos.
  • Realización de actividades peligrosas.
  • Par la reducción de costes y tiempo que redundan en un mayor beneficio económico para la empresa.

Guillermo Marcet, abogado especializado en Derecho para Startups y Emprendimiento, asegura en su web que si un robot contribuye a la Seguridad Social, también tendría, a su vez, que contar con su contraprestación de derechos básicos como todo trabajador: “Derecho a la huelga, derecho a sindicalizarse, derecho a vacaciones, al paro si se avería y no puede trabajar, a un salario mínimo, pensión... Lo que veo aquí es un intento de disfrazar un nuevo impuesto a las empresas, porque serán ellas las que tendrán que pagarlo. ¡Como si no hubieran pagado ya suficientes impuestos por comprar y poder usar el robot!”.

¿El fin del trabajo?

Vamos a rematar este artículo de nuestro comparador citando un párrafo del economista Jeremy Rifkin, titulado “El fin del trabajo” (1995) y que, sin duda alguna, describe muy bien la situación que se avecina: “Una nueva generación de sofisticadas técnicas de las comunicaciones y de la información irrumpen en una amplia variedad de puestos de trabajo. Las máquinas inteligentes están sustituyendo, poco a poco, a los seres humanos en todo tipo de tareas, forzando a millones de trabajadores de producción y de administración a formar parte del mundo de los desempleados, o peor aún, a vivir en la miseria”.