Para la mayoría de nosotros, nuestros recuerdos de los días pasado funcionan como una cadena de radio que siempre esté poniendo grandes éxitos del pasado.

Recordamos un montón de buenos momentos de nuestro pasado.

Mientras que la mayor parte de las situaciones normales y mundanas, ya no digamos las malas, han sido completamente olvidadas, arrastradas a través del tiempo.

Cuando pienso en mi propio pasado, tiendo a recordar casi en su totalidad los buenos momentos. Si me esfuerzo y pienso durante un rato más, puedo recordar algunas de las situaciones menos agradables de mi pasado. Pero de primeras, todo lo que tengo son buenos pensamientos.

Recuerdo los grandes compañeros de trabajo y la alegría de ir aprendiendo más y más habilidades en mi anterior trabajo. No recuerdo los malos momentos que me hicieron dejar el trabajo y ponerme a currar por mi cuenta.

Recuerdo la curiosidad intelectual, los amigos y la ilusión por el futuro de mis años en la universidad. Pero no recuerdo las noches en vela estudiando ni los largos periodos de duda e incertidumbre sobre mi futuro.

Recuerdo los viajes al extranjero que he hecho con mi pareja y los tiempos en que tenía tiempo libre suficiente como para jugar a mis juegos preferidos de ordenador sin problema.

No recuerdo los malos momentos económicos, cuando ya viviendo juntos mi mujer, entonces novia, estuvo a punto de volver a vivir con sus padres.

Puedo recordar esos momentos si específicamente pienso en ese periodo de mi vida pero no es algo que haga inconscientemente cuando me pongo nostálgico y rememoro mi pasado.

Es lo bueno (y lo malo porque todas las experiencias son buenas) de la nostalgia, que “borra” los malos recuerdos y los malos momentos y te deja solo las buenas experiencias.

Recuerdo, cuando me iban a regalar un juego en mi cumpleaños o en Reyes, ir al Centro Mail (ahora Game) de Salamanca y revisar las estanterías buscando mi próxima diversión.

Tampoco puedo olvidar el gigantesco helado del que disfrutamos en Harrods, en Londres o el paseo por el Gran Canal en Venecia.

Voy a recordar esos momentos durante toda mi vida sin problemas.

Es en esas situaciones, cuando estoy nostalgico y me pongo a rememorar cuando estoy tentado de caer en malas rutinas

Esos son los momentos en los que es más sencillo que pueda caer en una mala compra o una compra impulsiva.

Esos son los momentos en que prácticamente todos los posibles errores económicos que puedan pasar ocurren.

¿Por qué quieres convertir un día normal en un día especial?

La realidad es que la vida, el día a día, es bastante aburrida y mundana. Los días normales de nuestra vida son los que se desvanecen sin dejar rastro en la niebla del tiempo. Y son la gran mayoría.

A menudo es muy tentador pensar que hay que tratar, por nosotros mismos, de convertir un día mundano en un día para recordar.

Recordamos esos grandes momentos de nuestro pasado y los comparamos con el día gris y aburrido de hoy y pensamos ¿no podría una compra, un auto regalo, remediar esto y convertir este día en un gran día?

No, no lo va a hacer.

No tengo ningún tipo de problema con gastar dinero en conseguir una gran experiencia que se quede en tu recuerdo para siempre. 

  • Si se cumple tu décimo aniversario de boda y vas a salir a cenar con tu pareja, derrocha
  • Si vas a hacer el viaje con el que llevas soñando toda tu vida, derrocha.

Convierte estas grandes experiencias en tan memorables como te sea posible

A diferencia de los grandes días, donde merece la pena olvidarse de controlar tus finanzas y enfocarse en disfrutar, tenemos los días normales. Los días que van a desaparecer de tu recuerdo.

Gastar dinero en algo para convertir estos días en algo especial no lo va a convertir en un día para recordar en el futuro.

Al final desaparecerá de tu recuerdo como cualquier otro día normal.

Lo que sí que acabará pasando es que si gastas y derrochas tu dinero en los días normales y ordinarios no tendrás dinero para los momentos de verdad importantes para ti.

Comprar todas las mañanas un café delicioso y caro en vez de desayunar en casa hará que no tengas ese dinero disponible para un gran viaje estas navidades.

Comprar un libro o dos cada semana en lugar de utilizar la biblioteca hará que devores el primer pago de la casa de tus sueños.

Estas pequeñas experiencias se desvanecen muy rápidamente, al igual que las canciones que no te gustan y que suenan en la radio.

El gran problema es que gastando dinero en esas cosas que no representan nada para ti has gastado el dinero que sí podrías gastar en experiencias importantes para tu vida.

Cómo evitar gastar en lo que no te importa

No es tan difícil evitar este tipo de gastos innecesarios. He encontrado dos maneras de hacerlo más sencillo:

  • Mantén un ojo atento a las cosas realmente importantes para ti que se acercan en el futuro. Está muy bien que disfrutes de tus recuerdos pero haz el esfuerzo de mantenerte enfocado en lo que se avecina, en lugar de los días pasados. 
  • Ahorra para los días importantes. Una vez que sabes que días importantes se acercan empieza a ahorrar una cantidad de dinero para poder gastarlo en esos días sin problemas. De esta manera ese día especial lo será aún más. 

No intentes convertir un día normal en especial, es mejor que conviertas un día especial en más especial todavía.

Deriva parte de la alegría de un día ordinario y no gastes nada para dedicarlo a un día especial.

¿Quedará el día de hoy en tu recuerdo? Seguro que no. Hoy será un día que se parecerá mucho a otros días que han pasado por tu vida y que no han quedado en tu recuerdo. 

En cambio, el día de hoy lo puedes usar, si no gastas innecesariamente, para construir un gran día que sea imborrable para ti en el futuro.