Un contrato es un acuerdo, generalmente presentado a través de un documento, mediante el cual dos partes diferentes, personas físicas o jurídicas, presentan unas obligaciones con respecto a si mismas o respecto de un objeto en posesión de una de ellas. Las partes pueden ser obligadas a su cumplimiento o decidir romper el contrato si las dos partes lo consideran oportuno, hablamos entonces de un acuerdo bilateral, o si una de ellas así lo decidiera, hablamos entonces de un acuerdo unilateral. Si bien es cierto que la mayoría de estos acuerdos se presentan en forma de documento escrito, existen también contratos sellados mediante un pacto oral, y se llaman contratos verbales. Aunque de la misma validez que los contratos por escrito, los contratos verbales tienen más difícil su verificación en el caso de encontrarnos con algún tipo de incumplimiento del mismo.

Existen tres elementos indispensables dentro de un contrato: los elementos personales, los elementos reales y los elementos formales. Los elementos personales son los sujetos del contrato, y estos pueden ser: personas naturales (físicas) o personas jurídicas. Los elementos reales son los denominados prestación y contraprestación, es decir, el elemento, bien o servicio, que es objeto del contrato, y aquello que se entrega a cambio del mismo, bien sea una cantidad económica u otro bien o servicio. Los elementos formales componen el conjunto de signos gracias a los cuales el contrato se convierte en un elemento formal para el consentimiento del mismo por parte de los firmantes.

Además existen unos elementos esenciales que debe recoger todo contrato: el consentimiento, el objeto y la causa. El consentimiento es la voluntad manifiesta de las personas que deciden acordar el contrato. El objeto es aquel elemento que forma parte del acuerdo entre ambas partes. La causa es el motivo por el cual las personas deciden firmar dicho contrato.