Es un instrumento gestionado por una entidad bancaria en la que varias personas, físicas o jurídicas, depositan cantidades de dinero para su ahorro y obtención de un porcentaje de beneficio en un futuro. Hasta la retirada del fondo, el banco de encarga de guardar y gestionar ese fondo, del que puede obtener una plusvalía mayor de la que posteriormente pagará a los inversores. La retirada puede producirse en cualquier momento a decisión del inversor.

Para el inversor es una opción más llamativa ya que al ser mecanismos colectivos, la cantidad que el banco puede utilizar es mayor que la de una sola persona. Además estos productos suelen diversificar sus inversiones, disminuyendo de esta forma el riesgo y el beneficio.

Existen varios tipos de fondo de inversión. Los de Inversión Libre (FFIL) permiten más flexibilidad, sobre todo cuando hablamos de endeudamiento, en la periodicidad del cálculo del valor de liquidación y las comisiones. En Estados Unidos son conocidos como Hedge Funds. Los de Inversión Inmobiliario (FII), que como indica su nombre son fondos dedicados a obtener beneficio gracias a bienes inmobiliarios, bien sea mediante su alquiler o venta. Por último, la Sociedad de Inversión de Capital Variable (SICAV), que dedican sus fondos a invertir en acciones valorizadas en otras monedas diferentes a la nacional. Son similares en términos fiscales a los fondos tradicionales de inversión.