La definición de la Real Academia Española para futuro, indica que es “Valor o mercancía cuya entrega se pacta para después de un cierto plazo, pero cuyo precio queda fijado al concertar la operación.”. Sin embargo, el término por si mismo carece de un sentido completo dentro del mundo de la economía, y para ello, suele ir acompañado por otros conceptos.

En primer lugar no encontramos con el término en plural, futuros. Se utiliza para denominar a los acuerdos entre comparadores y vendedores para una determinada mercancía, bien o servicio, que se ejecutará más adelante y por la que se establece un precio determinado. Por tanto, el precio del objeto queda pactado independientemente de los cambios que puedan producirse en el mercado. Ésto otorga mayor seguridad a ambas partes que ven como, tanto la adquisición como la venta de un elemento, quedan determinadas y no habrá ninguna variación por agentes externos futuros.

Probablemente los futuros más utilizados sean los contratos de futuros sobre instrumentos financieros, también denominados futuros financieros. El concepto es similar al explicado anteriormente, pero en este caso lo que se negocia son activos u opciones sobre acciones de una determinada compañía que cotiza en bolsa. Esta herramienta comienza a utilizarse en los mercados secundarios norteamericanos durante los años sesenta. Más tarde, en 1972, se tiene constancia de operaciones a futuro sobre divisas. Su uso principal se realizaba sobre materia prima como el algodón, granos, ectra... ya que los compradores querían negociar un precio mejor que el ofrecido durante las temporadas de recogida, y los vendedores aseguraban la venta de su producción con anterioridad.