Si la inflación para un país puede ser un peligro para su economía, imagínate las posibles consecuencias de la hiperinflación. A lo largo de la historia se han contabilizado casos de inflación galopante en 56 países. La primera se originó en Francia a finales del siglo XVIII, cuando la inflación se situó en el 304 %.

En concreto, la podemos definir como una situación de inflación muy elevada, que prácticamente está fuera de control. Así, estamos ante un escenario en el que los precios aumentan rápidamente, mientras que la moneda se devalúa. 

La situación se agrava cuando quien posee dinero líquido intenta desprenderse de él intentando comprar bienes reales u otras monedas.

Diversos países se han enfrentado a un escenario de hiperinflación en algún momento de nuestra historia reciente. Un ejemplo lo encontramos en Alemania, que tras perder  la I Guerra Mundial tuvo que hacer frente a grandes deudas y costosas reparaciones. Para ello el gobierno alemán decidió imprimir moneda en marcos (que era la divisa nacional por aquel entonces), para comprar otras monedas fuertes y liquidar las deudas pendientes.

Tal medida causó el efecto contrario, pues emitir más moneda conlleva una pérdida de su valor.

También Zimbabue en el año 2000 se tuvo que enfrentar a una dura situación de hiperinflación. Más ejemplos lo hallamos en China cuya inflación mensual logró ascender a 5070% entre octubre de 1947 y mayo de 1949.

¿Vive Venezuela una situación de hiperinflación?

Seguramente muchos identifican esta situación con la que actualmente vive Venezuela.

Una hiperinflación suele deberse a una pérdida de la confianza del resto de países. Lo habitual en estos casos es aceptar las reglas del juego internacional que casi siempre pasa por decir adiós a la moneda del país (pues está quemada y es difícil su rescate) y optar por empezar de cero asimilando, por ejemplo, una extranjera como el dólar norteamericano.

Esto último, por cierto, impensable para el actual líder del país dada la poca simpatía que le profesa a los EE.UU.