Es el lugar donde se producen las transacciones o el intercambio de bienes y servicios. A lo largo de la historia, el mercado se ha considerado siempre un lugar físico, pero gracias al proceso de evolución tecnológica, encontramos cada vez más mercados de “soporte digital”. Es, por tanto, un sitio donde compradores y vendedores se encuentran para desarrollar las operaciones sujetas a las leyes de la oferta y la demanda.

Existen cuatro tipos de mercados, cuya clasificación atiende al consumidor del producto que se presenta en el mercado, que son los siguientes:

Mercado de mayoristas: Los consumidores son mayoristas, cuyo producto es abastecido por fabricantes o productores.

Mercado de semimayoristas: Los consumidores son semimayoristas y los productos son proporcionados por mayoristas.

Mercado de minoristas: Donde los semimayoristas ponen sus productos al servicio de los minoristas.

Mercado de consumidores: El producto alcanza su etapa final, llegando al consumidor a través de los minoristas.

Actualmente el modelo de mercado más extendido es el de libre competencia. Una teoría liberal de principios de S.XX en Estados Unidos, que asegura que la no regulación por parte estatal de los productos puestos a la venta provoca una autorregulación dentro del mismo mercado. Evitando así la intervención estatal.

Esto puede dar lugar a monopolios u oligopolios, que consisten en el dominio del mercado por parte de un solo productor o un número reducido de los mismo. En este caso se llamaría competencia imperfecta, provocando un totalitarismo en la producción y el control del mercado. Es el caso de los principales mercados dependientes de estados con políticas socialistas o comunistas.

Si no existe un balance correcto en el mercado y se produce en el extremo de cualquiera de estas dos opciones, entonces decimos que el mercado falla, provocando un “fallo de mercado”.