Compañía, comercio, empresa… todas estas palabras se refieren a un mismo concepto gracias al cual se obtiene dinero mediante la comercialización de determinados bienes o servicios. Un negocio puede existir por sí mismo, sin necesidad de un tercero. Sin embargo, para la sostenibilidad del mismo es necesario contar con un cliente que esté interesado en la adquisición de los bienes o servicios que son ofrecidos. La transacción queda determinada mediante la aceptación de un contrato por parte de ambas partes.

El nacimiento de los negocios es tan antiguo como la historia de la humanidad, sin embargo, la palabra se deriva del romano necotium, es decir, aquello que no es ocio. Está explicación es evidente, ya que consideraban que ocio era lo que no está relacionado con remuneración económica. 

Después de siglos de desarrollo minoritario de los negocios, quedando estos delimitados a las grandes fortunas, con la llegada de la Revolución Industrial aumenta el número de negocios de forma exponencial, encontrándonos con casi todo tipo de personas pudiendo desarrollar una actividad determinada.

Los negocios están sujetos a las legislaciones de los países, que determinan el tipo de negocio según su propiedad (Individual, dos personas, varias personas), su actividad, su nivel de facturación…