En alguna ocasión habrás escuchado este término sin saber muy bien a qué aludía, ¿verdad? Incluso en situaciones de la vida cotidiana es posible hablar de rédito. Por lo tanto, la hemos incorporado a nuestro lenguaje corriente. ¿Cuántas veces habremos escuchado que tal o cual político hace una determinada promesa para obtener rédito electoral? Es decir. busca votos y poco más. Estamos seguros de que lo has escuchado demasiadas veces, ¿verdad? También hemos oído múltiples veces la expresión ‘sacar rédito político’.

Sin embargo, en el mundo contable y financiero, que es donde tiene su origen, sí que es cierto que esta palabra ha sido un tanto reemplazada por otras como interés, con la que sin duda estamos mucho más familiarizados.

¿Cómo lo define la RAE?

En este sentido, si echamos un vistazo a la definición del diccionario de la RAE, veremos que ésta es la ‘renta, utilidad o beneficio renovable que rinde un capital’.

Por su parte, atendiendo a su origen etimológico, la palabra deriva del término latino ‘reditus’, que se traduce como ‘regreso’ y que procede, a su vez, del verbo ‘redire’.

Así, es posible emplear el término rédito normalmente asociado a una unidad monetaria o a un porcentaje. En concreto, alguien puede afirmar que ha obtenido un rédito de 50 euros en una cuenta corriente tras un año de espera y con un capital inicial de 2.000 euros.

Desde luego el mayor rédito se logra cuando la ganancia es mucha a pesar de que ha transcurrido poco tiempo y de haber invertido una cantidad baja.

En definitiva, podemos hablar de multitud de situaciones donde el concepto rédito está a la orden del día: el rédito de una cuenta de ahorro, el rédito de un alquiler, réditos empresariales...