El saldo es la diferencia que existe entre los ingresos y los gastos en las cuentas de una empresa. En contabilidad esta diferencia viene reflejada por las cantidades entre los asientos apuntados en la columna del  Debe y los apuntados en la columna del Haber. Al final del ejercicio, dependiendo de a diferencia que exista entre estas dos columnas, nos encontramos con tres tipos diferentes de saldos.

Saldo deudor: se denomina con esta terminología cuando la suma de los asientos de la columna del Debe es mayor que la del Haber, e indica que la empresa no presenta beneficios.

Saldo acreedor: cuando la suma de los datos anotados en la columna del Haber son mayores que los anotados en la columna del Debe, denominamos a esta cantidad saldo acreedor, e indica que las cuentas de la empresa se encuentran en unas condiciones óptimas.

Saldo nulo: el saldo nulo se produce cuando la suma de las cantidades reflejadas en la columna de Debe y la suma de cantidades anotadas en la columna de Haber son exactamente iguales. En este caso se dice que las cuentas están saldadas.

Una última acepción que tiene la palabra saldo, es la determinada por el comercio cuando se adquiere un bien a precios reducidos.